TOLVANERA
Roberto Zamarripa (5-Oct-2009)
Parece ser la espuma del enojo aunque quizás sea el distractor: una decena de atentados con petardos a bancos y comercios, la mayoría reivindicados por grupos opositores a la crueldad contra los animales decididos a aplicar la crueldad contra los cuentahabientes, llama la atención pública y de las autoridades federales y locales. Seis atentados en el Distrito Federal y cuatro más en otras entidades: dos cajeros automáticos incendiados en León, un explosivo lanzado en un calcetín a una caseta policiaca en Bahía de Banderas, Nayarit, y un cohete cebado en los laboratorios Novartis de Guadalajara completan el cuadro.
En una de las reivindicaciones uno de los grupos asegura: "Hoy, la policía alardea tanto sobre la seguridad, con sus cientos de cámaras en el DF, con sus rondines policiacos, con los policías vestidos de civil armados por la calle, con sus convoyes militares, con los retenes del ejército, y sus micrófonos en las calles. Diciendo que no se podrá hacer nada frente a sus narices".
La sobreprotección provoca debilidad. Efectivamente, los bancos tienen cámaras de vigilancia y eso no evita los petardazos. Como tampoco la excesiva vigilancia de los aeropuertos impide el secuestro de un avión con dos latas de jugos y un reloj despertador como instrumentos de amago. La espectacularidad corre por las dos vías. De los inconformes para certificar con su aparición en medios la naturaleza de su pleito y de la autoridad para validar con sus escandalosos operativos las razones de los gastos excesivos en aparatos de vigilancia. Pero ninguno, paradójicamente, parece ser efectivo.
La PGR detuvo a Ramsés Villarreal, hijo de maestros militantes de la CNTE, como culpable de los actos terroristas en los bancos pero un juez lo liberó aduciendo que la captura era ilegal. A saber si Ramsés es miembro del Frente de Liberación Animal (FLA) o de algún otro grupo disidente del gobierno, pero el hecho es que los anticuerpos se vuelven contra el organismo. Ante eso, es el juez quien inyecta calmantes a la PGR.
Josmar secuestra un avión en el nombre de Dios y de una cita con Felipe Calderón. De igual forma un sujeto que quiere ver al Presidente para evitar los males del cambio climático mata a dos personas en un andén del Metro Balderas. Ni Josmar era tan peligroso ni el Metro está al punto del colapso. Pero la espectacularidad define el descontento.
Por debajo de esas violencias ampliamente difundidas, hay otras que se mecen quizás con mayor fuerza y contenido. Un grupo de polleros quiso entrar a territorio estadounidense con tres camionetas repletas de migrantes y echando tiro al aire. Quizás desde Pancho Villa nadie había entrado así a territorio norteamericano. Horadar así la frontera no es poca cosa.
Una apretada cronología da cuenta de los otros descontentos. En septiembre, la Ciudad de México fue estrangulada todas las semanas por bloqueos de El Barzón, del SME, de taxistas irregulares, de padres de familia enojados, de ciudadanos defraudados por el no pago de apoyos para discapacitados y personas de la tercera edad. La carretera México-Acapulco ha sido bloqueada por lo menos tres veces en un mes. El 9 de septiembre comuneros de Huitzilac la bloquearon a la altura de Tres Marías, a fin de mes trabajadores de la salud por el rumbo de Acapulco y el 2 de octubre maestros de Guerrero a la altura de Chilpancingo.
A los gobernadores los despidieron con protestas. A Bours, 12 de septiembre, con manifestaciones de los padres de niños muertos en la guardería ABC. A Marcelo de los Santos a huevazos en San Luis Potosí. A Francisco Garrido a cacerolazos.
El 15 de septiembre una disputa por un predio en Tláhuac provocó la muerte de dos personas y el día 24 en Tampico un violento desalojo policiaco dejó 17 lesionados, varios graves, tras ocho horas de refriega. Morelos hierve. Los maestros se lían a golpes en las calles y los diputados priistas en el Congreso donde colocan a trancazos a su coordinador parlamentario. En Monterrey golpeadores de la CROC le tunden a defraudados de una unión de crédito por el simple hecho de protestar y en Veracruz habitantes de 53 comunidades bloquean pozos petroleros por el incumplimiento de promesas de Pemex.
El malestar sube de tono. La espectacularidad de unos roba cámara a otros. Pero los síntomas están ahí.
tolvanera06@yahoo.com.mx

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