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martes, 17 de noviembre de 2009

Ovus interruptus

German Dehesa

¡Oye, Aquiles!, ¿qué día dijo el señor Madero que comenzaríamos la Revolución?. ¡Ay, Carmen, francamente no me acuerdo!. Y nunca se acordaron. Carmen, que como buena poblana, traía siempre la cabeza a pájaros, dio y tomó con que todo comenzaría el día 18. De esto convenció al buen Aquiles y pa' pronto se aventaron a la cazuela en esa fecha con los catastróficos resultados ya conocidos. A la vuelta de 99 años y todavía con la Revolución, la verdadera, sin pelearse, ni mucho menos concluirse, aquí estamos los friolentos meshicas recordando esos peregrinos acontecimientos con más premura que los Serdán, pues hoy es apenas día 16. De cualquier modo y aunque la holganza esté supuestamente consagrada a hacer memoria de "nuestro movimiento armado", la mayoría de las variadas tribus que pueblan este territorio nos hemos dedicado a permanecer enroscados en el lecho. Así nos la hemos llevado, por lo menos los integrantes del sector masculino que, a este respecto, somos infinitamente más sabios que las féminas que, aunque sea día feriado, se despiertan a las seis, de modo que a las siete ya estén bañadas, amuebladas y listas para no hacer nada, porque hoy, precisamente hoy, no hay nada qué hacer. Decía un pensador francés: todos los males del hombre provienen de que éste no sabe estarse quieto y en su lugar. Los hombres ya aprendimos; pero a mujeres como la Hillary, tan recién llegadas a la civilización, esto todavía no penetra en los vericuetos de su cerebrín. Ella a temprana hora ya estaba penetrando en una famosa tienda de abarrotes y ultramarinos (que no es la indicada para los fines que perseguía) exigiendo una cantidad desmesurada de bacalao que, obviamente, no tenían, aunque le dijeron que en la semana recibirían un fuerte pedido. Este ofrecimiento lo asocio con la ballena muerta que fue hallada en las costas veracruzanas. Supongo que eso será lo que le venderán para que prepare ballena a la vizcaína. El verdadero y único bacalao noruego se consigue a altos precios en otro lugar de la ciudad y Aurora, la mujer que me cuidó en mi niñez y primera juventud y que ahora trabaja para mi dulce hermana, es la única que tiene la secretísima receta de mi mamuchis para obtener un guiso de bacalao digno de tal nombre. Lo demás, es cazón disfrazado.

Pero el punto era que las mujeres no saben de las maravillas del reposo, las glorias de quedarse echadas en sus camas estudiando el tirol del techo y sus caprichosas formas. Piensan, las muy sonsas, que el mundo las necesita y las está esperando con extrema ansiedad. Se lanzan a las calles en sus rugientes camionetas a comprobar que nada de esto es cierto; de hecho, lo único que encuentran en las calles es a otras viejas motorizadas que vagan sin ton ni son cual fantasmas del periférico. Todo esto para volver a sus casas, mirar a su homo sapiens y espetarle: ¿todavía no te has levantado, prángana, holgazán?. Noup. ¿Y a qué malditas horas piensas bañarte y vestirte?. A ninguna. Ella queda sin habla y mirándonos como si fuéramos la encarnación de la decadencia de Occidente. Este momento debe ser aprovechado para volvernos a dormir. A menos, a menos que tenga uno que escribir un artículo. ¡Ahistá!.

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