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jueves, 24 de diciembre de 2009

Tráfico Guinness



Carlos Elizondo Mayer-Serra

24 Dic. 09


Desconozco cuál sea el récord Guinness por estar en un atorón diario por culpa de un árbol tamaño récord Guinness colocado en la principal avenida de una de las ciudades más grandes del mundo en plena temporada navideña cuando el tráfico es infernal. Seguramente no existe esa medición. Estos récords no son para medir problemas. Alguien tiene que organizar el evento y traer a los certificadores oficiales. Por ello son récords para presumir y se usan, en general, para puras trivialidades.

Ya en septiembre el New York Times, con motivo del presunto récord de individuos bailando en un mismo momento una canción de Michael Jackson, señalaba: "Si alguna vez la empresa Guinness World Records llega a inventar una categoría para encontrar al país más obsesionado con aparecer en su libro, seguramente México tendría buenas posibilidades de ganar". La lista de logros es envidiable: la exhibición más grande de piñatas, el taco más grande del mundo, la pasarela más larga del mundo, el "cheesecake" más grande del mundo...

Lo de menos es que algunos de estos récords sean de productos locales, que difícilmente a alguien le interesa romper. Lo más sorprendente es que un país que evita por todos los medios competir se dedica a acumular récords Guinness. La UNAM no quiere ser evaluada, los maestros no quieren concursar por sus plazas, en Pemex ni el término concurso por plaza parece existir, en muchas universidades privadas hay pase automático y con sólo pagar y cumplir con un mínimo, bastante menor, estás adentro. Una buena parte de nuestros empresarios más ricos están en sectores con poca competencia y hacen todo por continuar así. Nuestros bien pagados futbolistas locales suelen llevar a nuestra Selección al fracaso cuando competimos en mundiales y justas similares, y en la mayoría de los deportes nos pasa lo mismo.

¿Entonces por qué tanta obsesión por romper récords Guinness? Por lo mismo que no nos gusta competir. Son récords basados en el principio de no competir. Se trata simplemente de hacer algo más grandote o con más gente. Si tenemos el árbol de navidad más alto del mundo es simplemente porque nuestro gobierno capitalino decidió usar nuestros impuestos para hacer uno más alto y se trajo a una empresa brasileña para hacerlo. A nadie en el mundo le interesa realmente el tema. No estamos compitiendo por tener la ciudad más eficiente, más competitiva o más segura. Tampoco por tener más de algo que produzca bienestar al ciudadano y que, por lo tanto, otras ciudades estén también buscando. No existe un torneo mundial de alcaldes persiguiendo el árbol de navidad más alto del planeta y nosotros, por nuestro esfuerzo, creatividad e ingenio, fuimos más competentes que el resto de las ciudades. Las otras ciudades no gastan dinero en esos esfuerzos porque no es fácil justificar recursos públicos para este tipo de frivolidades cuando hay tantas tareas por hacer.

El propósito del Libro de Récords Guinness, producto de la ocurrencia del dueño de la cervecería del mismo nombre, fue establecer un registro definitivo de "récords mundiales" para así resolver discusiones como saber cuál es el pájaro más veloz del mundo o en dónde vive el hombre más alto del mundo. Parece absurdo para el propósito del Libro de Récords Guinness, que autoridades locales gasten dinero para aparecer en semejante registro.

Si de competir por tonterías se trata, que sean los individuos con sus propios medios los que logren movilizar recursos para alcanzar alguna de estas preciadas joyas. Sin embargo, tampoco me queda claro qué ganamos compitiendo por este tipo de cosas cuando hay tantos otros ámbitos donde competir tiene mucho mayor sentido, desde ganar una competencia de clavados hasta desarrollar una nueva tecnología que compren muchos consumidores.

Las autoridades deberían estar para fomentar la competencia verdadera, creando las instituciones y los apoyos para que sus ciudadanos logren sobresalir en verdaderas contiendas, ya sean deportivas o artísticas, o simplemente las que el mercado premia por ofrecer un mejor y más innovador producto. Sin embargo, esto suena muy neoliberal para la navidad. Vámonos todos a ver el nuevo récord Guinness mexicano: el árbol de navidad más alto del mundo. Vaya en bicicleta o espere a que se marche la gente de la ciudad si no quiere quedar atrapado en un tráfico, eso sí, digno de un récord Guinness.

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