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martes, 16 de marzo de 2010

Impunidad VIP

Juan E. Pardinas / Reforma
14 Mar. 10
Alguna vez le preguntaron a María Félix para qué quería tanto dinero, a lo que La Doña respondió: "Enamórese o enférmese y sabrá para qué sirve el dinero". En nuestro país, una saludable chequera tiene usos más diversos que los citados por el ícono de la cinematografía nacional. La mayor demostración de ostentación que el dinero puede comprar no es un reloj de oro, un automóvil deportivo o ropa de diseñador. Nuestro mayor símbolo de estatus es la impunidad. El mayor privilegio aristocrático en México es vivir por encima de la ley, sin enfrentar ninguna consecuencia.

Gracias a la impunidad, un individuo VIP (Very Important Person) es un legislador de sus normas particulares y juez de sus propios actos. Como sostiene Guillermo Sheridan, qué podemos esperar del Estado de derecho en un país donde la estrofa más famosa, del corrido más cantado, cierra con: "Y mi palabra es la ley".

Hace un año, el joven José Luis Romo Trujano quiso evadir el alcoholímetro en la Avenida Insurgentes del Distrito Federal. El conductor embriagado intentó huir. En su escape arrastró en el cofre por más de un kilómetro al policía Luis Fernando Corona. El oficial murió prensado contra una estatua. Su viuda y sus dos hijos recibieron 85 mil pesos como reparación del daño. El joven alcoholizado recuperó su libertad 11 meses después, gracias a los buenos oficios del despacho Requena Abogados. Eso es impunidad VIP. El año pasado, en Inglaterra, la adolescente Charlotte Blackburn, murió por el descuido criminal de un automovilista con demasiadas cervezas en el torrente sanguíneo. La sentencia del juez británico, emitida en enero de este año, fue criticada por suave e indulgente: el conductor ebrio "sólo" recibió ocho años de cárcel.

¿El jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, se indignó públicamente por la absolución del borracho que mató al oficial Corona? ¿El secretario de Seguridad Pública, Manuel Mondragón, presentó un recurso de impugnación contra la liberación del homicida de su subordinado? No pasó absolutamente nada. Sin embargo, la impunidad tiene un poderoso efecto de demostración. A principios de febrero, una conductora borracha que intentó evadir el alcoholímetro atropelló a dos mujeres policías en la colonia Morelos. En este caso ambas uniformadas sobrevivieron.

La impunidad es como una navaja suiza que tiene utilidades múltiples. Si eres dueño de un antro, puedes decidir cuáles clientes pueden pasar armados con pistola y cuáles no. Si eres constructor de edificios, tú decides cuántos pisos debe tener el inmueble que vas a construir en Cuajimalpa. Si andas en coche y traes prisa, puedes escoger si estacionas tu coche en doble o triple fila. Tu ley es la única que cuenta. El reglamento de construcción y las normas de tránsito sirven para lo mismo que el papel higiénico.

Dentro de las castas impunes la máxima jerarquía social pertenece a los gremios o personajes que no sólo viven por encima de la ley, sino que también tratan a la autoridad como un perro amaestrado. En la jerga técnica, esta obediencia del poder público a un interés particular se le define como captura del Estado. Alguna oficina del Ejecutivo, una bancada del Legislativo o un tribunal judicial hacen piruetas, brincan por el aro y caminan en dos patas, según lo ordene su respectivo patrón.

El discurso del gobierno para justificar la guerra contra el narcotráfico es que el Estado mexicano tiene la obligación de recuperar los territorios controlados por la mafia. Desgraciadamente, el crimen organizado es sólo uno de los frentes donde el poder público le ha cedido espacio a intereses particulares. El mayor desafío del Estado mexicano es construir un país donde el dinero sólo sirva para adquirir bienes materiales y no facultades extralegales. Un México donde la aplicación de la ley no esté a la venta.

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