"Dadme vuestros cansados, vuestros pobres, vuestras masas amontonadas que aspiran a respirar en libertad".
Emma Lazarus,
inscrito en la Estatua de la Libertad
La nueva ley antiinmigrante de Arizona, SB 1070, llegó en buen momento para la clase política de nuestro país. Súbitamente las diferencias se han borrado, la violencia ha pasado a segundo plano y los priistas, panistas y perredistas se han unido en una causa.
El presidente Felipe Calderón afirma que no se quedará cruzado de brazos ante una ley "antihumana, inaceptable, discriminatoria e injusta". El gobernador de Sonora, Guillermo Padrés, canceló la reunión de la Comisión Sonora-Arizona que se llevaría a cabo en junio. El presidente del PAN, César Nava, pidió a los mexicanos no ir a Arizona. El gobernador de Querétaro, José Calzada Rovirosa, calificó de xenofóbica la ley. Incluso Aeroméxico anunció la cancelación de sus vuelos a Tucson y Phoenix.
No hay forma de estar en desa- cuerdo, por supuesto. La SB 1070 es una mala ley para todos. A los mexicanos los convertirá en víctimas de una cacería de brujas. A los policías de Arizona les ordena detener a personas que parezcan extranjeras mientras que la legislación federal los obliga a respetar los derechos humanos aun de quienes tengan la tez cobriza. A los empresarios los pone de espaldas contra la pared porque sin los trabajadores mexicanos no podrán mantener la competitividad frente a productores de otros estados o países.
Me temo, sin embargo, que la actitud de muchos políticos mexicanos es hipócrita. La primera razón es porque ellos mismos no aceptarían que funcionarios de otros países, especialmente de Estados Unidos, les dijeran qué leyes promulgar. Muchas medidas adoptadas en nuestro país son tan violatorias de las garantías individuales como la SB 1070, pero nuestros políticos considerarían como una intervención inaceptable en los asuntos internos de la nación cualquier crítica de, por ejemplo, la gobernadora de Arizona.
Otra razón de cuestionamiento a los políticos mexicanos que se rasgan las vestiduras por la nueva ley de Arizona es el hecho de que nuestra legislación migratoria es mucho más restrictiva y a veces abusiva que la de nuestros vecinos del norte. Muchos inmigrantes en nuestro país, desde jornaleros centroamericanos hasta bailarinas de Europa del este, podrán narrarnos casos de abusos que hacen palidecer el trato a los mexicanos en Arizona.
Estados Unidos siempre ha tenido una política migratoria más abierta que la de México. El 12.6 por ciento de los residentes de la Unión Americana en 2007 nació en el extranjero. En México, según el censo de 2000, el porcentaje de nacidos en el exterior es de apenas 0.5 por ciento.
Una última razón de cuestionamiento es el hecho que los políticos que hoy se quejan de la nueva ley de Arizona se han negado a hacer las reformas económicas que nos habrían permitido tener más y mejores empleos. La diferencia entre el nivel de vida de Estados Unidos y México se ha venido ampliando constantemente desde la independencia de ambas naciones. Los trabajadores mexicanos tienen que salir del país hoy debido a que en México se han aplicado políticas económicas fallidas.
No puedo evitar la idea de que los políticos mexicanos se han unido en esta protesta políticamente correcta como una forma de ocultar los fracasos a los que han conducido a nuestro país. Los cuestionamientos a una pésima ley en Arizona serían más aceptables si quienes los hacen hubieran tomado medidas para construir una economía que permitiera a los trabajadores mexicanos ganarse la vida dignamente en nuestro país.
Extraterrestres
Dice Stephen Hawking, el físico británico, que debe haber habitantes en otros mundos, pero que mal haríamos en contactarlos porque podrían darnos el mismo trato que los europeos dieron a los indígenas de América. No lo sé. Pero ya hay voces que exigen que los países del mundo emitamos una nueva ley SB 1070, sólo que para los inmigrantes extraterrestres.
www.sergiosarmiento.com
miércoles, 28 de abril de 2010
"Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena". Joaquín Sabina
Los cobardes
Sergio Sarmiento / Reforma
No sé qué inquieta más: si la violencia o los desplantes de valentía de nuestros funcionarios públicos ante la supuesta cobardía de los mexicanos frente a la violencia.
Este domingo 25 de abril el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, ofreció una conferencia de prensa sobre el tema de la violencia, a pesar de que mucho se nos ha insistido que hay poca violencia en México y la que hay es exagerada por los medios.
El viernes 23 seis agentes de la Policía Federal, un policía municipal y un civil murieron en una emboscada en Ciudad Juárez. También en Juárez un velorio en una vivienda particular fue atacado el sábado 24; murieron tres mujeres -"civiles", supongo- y 10 personas quedaron lesionadas en el ataque.
En la madrugada del sábado 24, por otra parte, la secretaria de Seguridad Pública de Michoacán, Minerva Bautista Gómez, fue atacada por un grupo de sicarios. Más de 2,400 balazos fueron disparados en contra del convoy en que viajaba. Ella salvó la vida por el blindaje de su camioneta, aunque se encuentra hospitalizada y ha sido reportada como grave. Dos de sus escoltas y dos civiles perecieron en el ataque. Once personas quedaron lesionadas.
En la conferencia de prensa que dio al día siguiente el secretario Gómez Mont ofreció un elocuente desplante de valentía: "Yo me siento a salvo porque me pongo enfrente, porque protejo a los míos... Esconderse, huir, temer es estar siempre en peligro. El cobarde muere mil veces, el valiente una".
El secretario no es el único funcionario valiente en México. El pasado 24 de marzo el presidente Calderón cuestionó también a los cobardes: "No nos vamos a dejar dominar por una bola de maleantes, que son una ridícula minoría montada sobre el miedo, la corrupción o la cobardía de muchos durante mucho tiempo".
Efectivamente, hay muchos cobardes en este país. Gente que tiene miedo de salir a la calle para no figurar en ese 5 o 10 por ciento de "civiles" que han caído entre las 22 mil víctimas de ejecuciones que la propia Secretaría de Seguridad Pública reconoce en el actual sexenio. Hay cobardes también en Estados Unidos, funcionarios que han pedido a sus ciudadanos no viajar a México para no ser víctimas de la guerra que los mexicanos estamos peleando para su beneficio.
Basta ver la seguridad que rodea al presidente de la República para entender por qué no comprende la cobardía de los demás. Cientos, quizá miles, de soldados y policías garantizan cada presentación pública del mandatario. Las calles son cerradas para proteger sus movimientos. Quizá sea necesaria esta seguridad o la del secretario de Gobernación, pero no se vale cuestionar desde atrás la cobardía de la sociedad.
La propia secretaria de Seguridad Pública de Michoacán puede sentirse a salvo. Ella pudo preservar la vida a pesar de haber sufrido un atentado en el que le dispararon más de 2,400 balas. Quienes ya no podrán jactarse de su valor son los dos escoltas y los dos civiles que murieron en el ataque. Tampoco los comandantes de policía que, según una nota de Reforma, detuvieron su avance para no llegar a tiempo al ataque en contra de la secretaria Bautista.
Uno puede aplaudir o no la estrategia del gobierno en la lucha contra el narco. Lo que no se vale es presumir de valentía detrás de una protección que la mayoría de los "cobardes" no podemos tener.
PROBAR LA CULPA
Un artículo de primera plana del Washington Post registraba ayer la forma en que el gobierno federal detuvo con bombo y platillo a decenas de funcionarios públicos de Michoacán sólo para que quedaran libres después. Recalca también la negativa del gobierno federal a ofrecerles una disculpa, ya que a los funcionarios se les ha dejado en libertad "por falta de pruebas" pero "no porque hayan probado su inocencia". Y yo, ingenuo como Sabina, pensaba que en México el acusador debe probar la culpa y no el defendido su inocencia.
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Sergio Sarmiento / Reforma
No sé qué inquieta más: si la violencia o los desplantes de valentía de nuestros funcionarios públicos ante la supuesta cobardía de los mexicanos frente a la violencia.
Este domingo 25 de abril el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, ofreció una conferencia de prensa sobre el tema de la violencia, a pesar de que mucho se nos ha insistido que hay poca violencia en México y la que hay es exagerada por los medios.
El viernes 23 seis agentes de la Policía Federal, un policía municipal y un civil murieron en una emboscada en Ciudad Juárez. También en Juárez un velorio en una vivienda particular fue atacado el sábado 24; murieron tres mujeres -"civiles", supongo- y 10 personas quedaron lesionadas en el ataque.
En la madrugada del sábado 24, por otra parte, la secretaria de Seguridad Pública de Michoacán, Minerva Bautista Gómez, fue atacada por un grupo de sicarios. Más de 2,400 balazos fueron disparados en contra del convoy en que viajaba. Ella salvó la vida por el blindaje de su camioneta, aunque se encuentra hospitalizada y ha sido reportada como grave. Dos de sus escoltas y dos civiles perecieron en el ataque. Once personas quedaron lesionadas.
En la conferencia de prensa que dio al día siguiente el secretario Gómez Mont ofreció un elocuente desplante de valentía: "Yo me siento a salvo porque me pongo enfrente, porque protejo a los míos... Esconderse, huir, temer es estar siempre en peligro. El cobarde muere mil veces, el valiente una".
El secretario no es el único funcionario valiente en México. El pasado 24 de marzo el presidente Calderón cuestionó también a los cobardes: "No nos vamos a dejar dominar por una bola de maleantes, que son una ridícula minoría montada sobre el miedo, la corrupción o la cobardía de muchos durante mucho tiempo".
Efectivamente, hay muchos cobardes en este país. Gente que tiene miedo de salir a la calle para no figurar en ese 5 o 10 por ciento de "civiles" que han caído entre las 22 mil víctimas de ejecuciones que la propia Secretaría de Seguridad Pública reconoce en el actual sexenio. Hay cobardes también en Estados Unidos, funcionarios que han pedido a sus ciudadanos no viajar a México para no ser víctimas de la guerra que los mexicanos estamos peleando para su beneficio.
Basta ver la seguridad que rodea al presidente de la República para entender por qué no comprende la cobardía de los demás. Cientos, quizá miles, de soldados y policías garantizan cada presentación pública del mandatario. Las calles son cerradas para proteger sus movimientos. Quizá sea necesaria esta seguridad o la del secretario de Gobernación, pero no se vale cuestionar desde atrás la cobardía de la sociedad.
La propia secretaria de Seguridad Pública de Michoacán puede sentirse a salvo. Ella pudo preservar la vida a pesar de haber sufrido un atentado en el que le dispararon más de 2,400 balas. Quienes ya no podrán jactarse de su valor son los dos escoltas y los dos civiles que murieron en el ataque. Tampoco los comandantes de policía que, según una nota de Reforma, detuvieron su avance para no llegar a tiempo al ataque en contra de la secretaria Bautista.
Uno puede aplaudir o no la estrategia del gobierno en la lucha contra el narco. Lo que no se vale es presumir de valentía detrás de una protección que la mayoría de los "cobardes" no podemos tener.
PROBAR LA CULPA
Un artículo de primera plana del Washington Post registraba ayer la forma en que el gobierno federal detuvo con bombo y platillo a decenas de funcionarios públicos de Michoacán sólo para que quedaran libres después. Recalca también la negativa del gobierno federal a ofrecerles una disculpa, ya que a los funcionarios se les ha dejado en libertad "por falta de pruebas" pero "no porque hayan probado su inocencia". Y yo, ingenuo como Sabina, pensaba que en México el acusador debe probar la culpa y no el defendido su inocencia.
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