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domingo, 22 de agosto de 2010

La tontería de las bolsas...

Enrique Quintana

Uno de los adagios más ciertos, sobre todo en México, es que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno

Un ejemplo de ello es el caso de las bolsas de plástico en el DF.

A partir del día de ayer, tendría que haber comenzado a operar en el Distrito Federal una reforma de ley orientada a la defensa del medio ambiente: la que prohíbe que los comercios "regalen" bolsas de plástico que no sean degradables, en el empaque de la mercancía que ofrecen al público en general.

¿Cuál es la lógica detrás de la medida?

Que las bolsas de plástico contaminan cuando se arrojan en la vía pública y que es un producto que no se degrada pronto cuando se coloca en tiraderos.

Por lo tanto, habría que eliminar el incentivo económico para que los comercios las "regalen" y, por contra, incentivar el uso de empaques como los biodegradables, oxodegradables o reusables.

Hasta este punto todo parecería bien.

Pero resulta que de repente las autoridades se dieron cuenta de que en términos prácticos, la legislación se volvió inaplicable porque se requeriría un ejército de inspectores que verificara en los cientos de miles de comercios que no se dieran bolsas de plástico, que impusiera las multas y... que no fuera otro ejército de extorsión a los ciudadanos y empresarios, como tantos otros que hay en el DF. Total, hasta ahora no hay reglamento.

Pero, además, los legisladores olvidaron un principio económico fundamental, de esos que se aprenden en el primer año de la carrera: en este mundo, no hay nada gratis.

Y resulta que los comerciantes sí se acordaron de él, y explicaron -algunos incluso con carteles en las tiendas- que las bolsas de plástico usadas en el empaque de los productos no se regalan a los consumidores, sino que su costo es sufragado por ellos y está incluido en el precio final, así como lo está el costo de la refrigeración, del almacenaje, etc.

Lo cual es estrictamente cierto.

Es como si usted, cuando compra una botella de agua, comprara el líquido y pensara que la empresa embotelladora le "regala" el contenedor.

En México tenemos con frecuencia la tendencia a darles soluciones simplistas a problemas complejos.

Como las bolsas contaminan, pues entonces que se multe a quienes las regalen.

Pues ya se vio desde el día de ayer que esa estrategia simplemente no funciona.

Es correcto que se quiera usar el sistema de precios para generar señales ambientales. Pero hay que hacerlo bien y ser coherentes.

¿Sabe usted por qué en el DF y en todos los estados pagan menos tenencia los autos más contaminantes? Porque se supone que tienen un menor valor económico y están en manos de personas con menos recursos.

Bueno, pues se puede argumentar lo mismo en el caso de las bolsas.

Las políticas ambientales deben ser coherentes y aplicables.

Nada más pro ambiental que prohibir mañana el uso de vehículos que utilicen gasolinas o de plano prohibir todos los empaques plásticos que no sean biodegradables.

¿Piensa que alguien sensato lo va a proponer? Evidentemente no.

Ojalá que en esta materia, como en todas las políticas públicas, dejemos de tener sólo buenas intenciones, para tener políticas coherentes, viables y efectivas.

De lo contrario, probablemente sigamos caminando hacia el infierno.

enrique.quintana@reforma.com

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