"Mentiras, mentiras, que me matan, que se ríen de mí".
Lupita D'Alessio
No es la primera vez que nos mienten. En el caso de los estudiantes del Tec de Monterrey, Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo, asesinados el 19 de marzo, los militares no sólo dijeron que los estudiantes los habían agredido, sino que les plantaron armas a los cadáveres. Los videos de seguridad del Tec demostraron que los alumnos habían salido de la escuela sin armas. Las autopsias añadieron que cuando menos uno de los muchachos había sido golpeado antes de morir. Yo me pregunto qué habría ocurrido si el Tec de Monterrey no hubiese tenido cámaras de seguridad.
En el caso del médico oftalmólogo Mario Robles Gil Bernal, muerto en los operativos policiales en Colima este domingo 21 de noviembre tras el homicidio del ex gobernador Silverio Cavazos, la historia que ofrecieron es que se le había marcado el alto en un retén y él había hecho "movimientos sospechosos". Hoy sabemos que fue ejecutado en su casa a la que los policías estatales entraron con lujo de fuerza encapuchados y armados. Por supuesto que el doctor Robles hizo algún movimiento sospechoso.
Los policías que asesinaron al doctor Robles han sido detenidos. El gobernador Mario Anguiano afirma que la policía estatal lo engañó y por eso declaró en un principio que el doctor había sido muerto en un retén. La esposa del médico, sin embargo, es prima del gobernador. Esto hizo al parecer que se le prestara atención a las declaraciones del hijo, quien desde un principio declaró que su padre había sido muerto en su propia casa. Me pregunto qué habría ocurrido si la viuda no hubiese sido prima del gobernador.
El 3 de abril en Ciudad Mier, Tamaulipas, le tocó a la familia Almanza Salazar. Un grupo de militares abrió fuego contra su camioneta y dejó muertos a dos niños, Bryan y Martín, de 5 y 9 años de edad. El Ejército dijo que el vehículo se había metido en medio de un fuego cruzado. Las investigaciones posteriores revelaron que el fuego cruzado nunca existió.
El 5 de septiembre el daño colateral fue de una familia en Nuevo León. Alejandro Gabriel de León Castellanos, de 15 años, y su padre Vicente de León Ramírez, de 52, fueron muertos por soldados en una camioneta. La Sedena afirmó que el vehículo no se había detenido en un retén. Más tarde supimos que nunca hubo retén. Al vehículo se le disparó desde un convoy militar. Cuenta una de las mujeres que sobrevivió el ataque que el primer soldado que abrió la puerta de la camioneta les dijo: "Perdón, nos equivocamos".
En diciembre de 2009 fue muerta en Los Limoneros, un fraccionamiento vecino a Cuernavaca, Patricia Terroba Pintado mientras se llevaba a cabo un operativo para detener a Arturo Beltrán Leyva. El Ejército dijo primero que ella estaba en una narcofiesta y luego que se había pasado un retén. Como era prima de Roberto Madrazo Pintado se investigó mejor y se determinó que se le había disparado por error. Me imagino que si no hubiera sido prima de Madrazo hoy sería exhibida como una narcotraficante más muerta en un operativo exitoso.
Son muchas las mentiras. De lo que no hay duda es de que ni el Ejército, ni la Policía Federal, ni las policías estatales han entendido que su trabajo es perseguir criminales y no matar a ciudadanos inocentes. Entiendo las presiones a las que están sometidos los soldados y los policías. Pero no podemos aceptar las mentiras cada vez que se equivocan. Tampoco podemos cerrar los ojos al hecho de que en esta guerra las "fuerzas del orden" han matado a más gente que la droga.
Nuevo cierre
Siempre habrá pretextos. O por manifestaciones o porque se le antoja al Peje o para hacer desfiles o para poner árboles de Navidad o porque Bernardo de la Garza quiere poner su alberca de fin de semana o para organizar conciertos como el que se llevará a cabo este sábado. El hecho es que el Paseo de la Reforma es la avenida que más veces se cierra en todo el mundo.
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viernes, 26 de noviembre de 2010
martes, 23 de noviembre de 2010
MIRADOR
Armando Fuentes Aguirre
23 Nov. 10
Les pidió Hu-Ssong a sus discípulos que vieran el vapor de la tetera, intangible casi, como el viento.
Luego les mostró la nieve que cubría el campo, tan suave entre los dedos.
Después les pidió que tocaran la dureza del hielo en que se había tornado el lago.
Y finalmente les enseñó las linfas del arroyo, libres con el primer impulso de la primavera.
-Todo es agua -les dijo-. El vapor y la nieve, el hielo y la corriente del arroyo parecen muy distintos, y sin embargo son lo mismo. También el hombre comparte el mundo con criaturas que en nada se parecen a él: los insectos, los árboles, las aves, los peces y los animales de la tierra. Nos creemos muy distintos de todos esos seres, pero ellos y nosotros somos lo mismo: vida, y estamos hechos de lo mismo. Si pensamos en eso entenderemos mejor el mundo en que vivimos. Si lo aceptamos nos entenderemos mejor a nosotros mismos.
¡Hasta mañana!...
23 Nov. 10
Les pidió Hu-Ssong a sus discípulos que vieran el vapor de la tetera, intangible casi, como el viento.
Luego les mostró la nieve que cubría el campo, tan suave entre los dedos.
Después les pidió que tocaran la dureza del hielo en que se había tornado el lago.
Y finalmente les enseñó las linfas del arroyo, libres con el primer impulso de la primavera.
-Todo es agua -les dijo-. El vapor y la nieve, el hielo y la corriente del arroyo parecen muy distintos, y sin embargo son lo mismo. También el hombre comparte el mundo con criaturas que en nada se parecen a él: los insectos, los árboles, las aves, los peces y los animales de la tierra. Nos creemos muy distintos de todos esos seres, pero ellos y nosotros somos lo mismo: vida, y estamos hechos de lo mismo. Si pensamos en eso entenderemos mejor el mundo en que vivimos. Si lo aceptamos nos entenderemos mejor a nosotros mismos.
¡Hasta mañana!...
viernes, 19 de noviembre de 2010
La bola
"Igual que se abandonó el monumento, se abandonó la revolución".
Marcelo Ebrard
Durante buena parte del siglo XIX, mientras crecía fuertemente la población de Estados Unidos, la de México se mantuvo estable en alrededor de 8 millones. Esto fue en buena medida consecuencia de una declinación del ingreso real per cápita de 11 por ciento entre 1820 y 1870.
El gobierno de Porfirio Díaz que empezó en 1877 significó el primer periodo de expansión económica del México independiente. Díaz logró evitar los golpes de Estado y el bandolerismo que habían marcado la vida del país. Promovió, además, la inversión nacional y extranjera. El resultado fue una expansión económica muy importante que contrastaba con la declinación del medio siglo anterior.
La prosperidad se reflejó en el primer crecimiento demográfico de México desde la conquista. Al comenzar el gobierno de Díaz la población del país se calculaba en 9 millones. Para 1910, según el censo de ese año, se había alcanzado una cifra de 15.2 millones. Con esto el país apenas regresaba al nivel de población que se había tenido antes de la conquista: entre 16 y 20 millones de habitantes.
Quizá el mejor indicador del gran retroceso que vivió México durante la Revolución de 1910-1920 es la contracción demográfica. El censo de 1921 registró una población de 14.3 millones de personas, 900 mil menos que en 1910, a pesar de que lógicamente hubo muchos nacimientos en esos 11 años. De esto ha surgido el dogma tantas veces repetido que la Revolución dejó un millón de muertos.
No fueron los combates los que provocaron este descenso poblacional. A pesar de su importancia política, las batallas de la Revolución fueron relativamente pequeñas. Las bajas se elevaban apenas a algunos centenares, incluso en las batallas más importantes, como las de Celaya de 1915.
La caída de la población fue una consecuencia indirecta de la guerra. Muchos murieron de hambre o enfermedades, como la influenza, que se vieron acentuadas por las condiciones económicas y sociales generadas por la Revolución. Muchos también huyeron del país y se establecieron en Estados Unidos.
Los políticos han descrito la Revolución como una gesta gloriosa que construyó una democracia y un país más próspero y más justo. Las historias que la gente del pueblo ha contado a lo largo de casi un siglo, sin embargo, han sido muy distintas. Nos han hablado más bien de una "bola" que atacaba rancherías para robar, matar y violar. La caída en la población sugiere que esta visión popular es más correcta que la de los políticos.
Hay guerras que pueden ser dolorosas, pero que al final dejan transformaciones positivas. No fue éste el caso de la Revolución Mexicana. La democracia que según algunos se logró tras la renuncia de Díaz, en mayo de 1911, concluyó en febrero de 1913 con el derrocamiento y asesinato de Francisco Madero. Tendríamos que esperar muchas décadas más, por lo menos hasta 1997, para que el país empezara a vivir en democracia.
En cuanto a la prosperidad, la Revolución destruyó antes que edificar. Hasta la fecha el 47 por ciento de los mexicanos vive en pobreza y el 18 por ciento en la miseria. Sin duda ha habido avances desde 1910, pero éstos han sido mucho menores de los de otros países del mundo que no tuvieron una revolución.
Al recordar los 100 años del inicio de la Revolución, deberíamos reconocer que esa contienda trajo destrucción sin cumplir ninguno de sus objetivos fundamentales. No parece que haya mucho que festejar este 20 de noviembre. Más bien deberíamos aprender las lecciones generadas por el gran fracaso de la Revolución Mexicana.
www.sergiosarmiento.com
Marcelo Ebrard
Durante buena parte del siglo XIX, mientras crecía fuertemente la población de Estados Unidos, la de México se mantuvo estable en alrededor de 8 millones. Esto fue en buena medida consecuencia de una declinación del ingreso real per cápita de 11 por ciento entre 1820 y 1870.
El gobierno de Porfirio Díaz que empezó en 1877 significó el primer periodo de expansión económica del México independiente. Díaz logró evitar los golpes de Estado y el bandolerismo que habían marcado la vida del país. Promovió, además, la inversión nacional y extranjera. El resultado fue una expansión económica muy importante que contrastaba con la declinación del medio siglo anterior.
La prosperidad se reflejó en el primer crecimiento demográfico de México desde la conquista. Al comenzar el gobierno de Díaz la población del país se calculaba en 9 millones. Para 1910, según el censo de ese año, se había alcanzado una cifra de 15.2 millones. Con esto el país apenas regresaba al nivel de población que se había tenido antes de la conquista: entre 16 y 20 millones de habitantes.
Quizá el mejor indicador del gran retroceso que vivió México durante la Revolución de 1910-1920 es la contracción demográfica. El censo de 1921 registró una población de 14.3 millones de personas, 900 mil menos que en 1910, a pesar de que lógicamente hubo muchos nacimientos en esos 11 años. De esto ha surgido el dogma tantas veces repetido que la Revolución dejó un millón de muertos.
No fueron los combates los que provocaron este descenso poblacional. A pesar de su importancia política, las batallas de la Revolución fueron relativamente pequeñas. Las bajas se elevaban apenas a algunos centenares, incluso en las batallas más importantes, como las de Celaya de 1915.
La caída de la población fue una consecuencia indirecta de la guerra. Muchos murieron de hambre o enfermedades, como la influenza, que se vieron acentuadas por las condiciones económicas y sociales generadas por la Revolución. Muchos también huyeron del país y se establecieron en Estados Unidos.
Los políticos han descrito la Revolución como una gesta gloriosa que construyó una democracia y un país más próspero y más justo. Las historias que la gente del pueblo ha contado a lo largo de casi un siglo, sin embargo, han sido muy distintas. Nos han hablado más bien de una "bola" que atacaba rancherías para robar, matar y violar. La caída en la población sugiere que esta visión popular es más correcta que la de los políticos.
Hay guerras que pueden ser dolorosas, pero que al final dejan transformaciones positivas. No fue éste el caso de la Revolución Mexicana. La democracia que según algunos se logró tras la renuncia de Díaz, en mayo de 1911, concluyó en febrero de 1913 con el derrocamiento y asesinato de Francisco Madero. Tendríamos que esperar muchas décadas más, por lo menos hasta 1997, para que el país empezara a vivir en democracia.
En cuanto a la prosperidad, la Revolución destruyó antes que edificar. Hasta la fecha el 47 por ciento de los mexicanos vive en pobreza y el 18 por ciento en la miseria. Sin duda ha habido avances desde 1910, pero éstos han sido mucho menores de los de otros países del mundo que no tuvieron una revolución.
Al recordar los 100 años del inicio de la Revolución, deberíamos reconocer que esa contienda trajo destrucción sin cumplir ninguno de sus objetivos fundamentales. No parece que haya mucho que festejar este 20 de noviembre. Más bien deberíamos aprender las lecciones generadas por el gran fracaso de la Revolución Mexicana.
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jueves, 4 de noviembre de 2010
Droga y violencia
"La prohibición va más allá de los límites de la razón porque pretende controlar por legislación los apetitos de un hombre y hace crímenes de cosas que no son crímenes".
Abraham Lincoln
Alejandro Poiré, vocero del Consejo de Seguridad Nacional, afirmó este 2 de noviembre: "Legalizar la droga no pone fin a la violencia asociada con el crimen organizado. Legalizar la marihuana, particularmente cuando esto se hace a nivel local o de manera unilateral o aislada en el contexto internacional, no disminuirá la criminalidad ni la violencia en México... Ampliar su consumo en mercados relevantes como Estados Unidos, sin medidas que impacten significativamente el mercado y la cadena productiva de las drogas, genera mayores estímulos económicos para los criminales".
Poiré no cita ninguna fuente o estudio para sustentar su argumento de que la legalización genera mayores estímulos económicos o violencia. La declaración parece un simple esfuerzo por descalificar los esfuerzos sociales por descriminalizar el uso recreativo de la marihuana.
No hay, sin embargo, indicaciones de que las drogas legales generen incentivos económicos para los criminales o promuevan la violencia. En los Países Bajos el consumo de la marihuana no se persigue legalmente, pero los índices de violencia son muy bajos. No ha habido tampoco alzas en la violencia en los 14 estados de la Unión Americana en los que se ha legalizado el uso médico de la marihuana. De hecho, si bien en California se trató fallidamente, con el referéndum del 2 de noviembre, de legalizar la marihuana para uso recreativo, hace ya tiempo que su venta es legal para propósitos médicos, lo cual ha permitido que se pueda adquirir con sólo una receta médica sin que su comercio haya generado actos de violencia.
La única experiencia histórica que tenemos de las consecuencias sobre la violencia de la legalización de un producto prohibido tuvo lugar en 1933 con el fin de la prohibición de bebidas alcohólicas en Estados Unidos. Pero en lugar del incremento que pronosticaría Poiré, hubo una caída muy importante de la violencia.
Más inteligente es la posición que el presidente Felipe Calderón dio a conocer este 2 de noviembre en un mensaje de twitter: "Cualquier revisión al marco regulatorio de la producción, transporte y consumo de drogas debe hacerse integral y globalmente". No es lógico que un estado de la Unión Americana modifique por sí solo la prohibición de las drogas o de una en particular, como la marihuana. Si los esfuerzos por lograrlo se están haciendo a nivel local y por miembros de la sociedad, es porque ningún dirigente internacional ha mostrado el liderazgo que tuvo Franklin D. Roosevelt en 1933 al impulsar la legalización de las bebidas alcohólicas.
La descriminalización de las drogas es indispensable por razones pragmáticas, ya que la experiencia nos sugiere que una vez terminado el mercado negro que genera la prohibición la violencia desaparece gradualmente. También hay razones éticas, sin embargo. Ningún gobierno tiene el derecho a castigar a una persona por utilizar una sustancia que no le hace daño a nadie más que a ella.
Con el paso del tiempo el mundo optará, no tengo duda, por legalizar las drogas o cuando menos las menos dañinas, como la marihuana. Cuando esto ocurra recordaremos las declaraciones de Poiré con la misma incredulidad con la que hoy vemos las afirmaciones de los activistas de la temperancia que al defender la prohibición de 1919 a 1933 generaron un periodo de extraordinaria violencia en Estados Unidos.
NOBLE DERROTA
Evan Bayh, senador demócrata, lo tiene muy claro. En el New York Times explica la derrota del presidente Barack Obama: "Nos sobreextendimos al enfocarnos en el sistema de salud en lugar de la creación de empleos. Era una aspiración noble, pero un billón de dólares de nuevo gasto y una enorme expansión de un programa social se deben intentar cuando el Tesoro se encuentra lleno y no en una situación como la actual".
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Abraham Lincoln
Alejandro Poiré, vocero del Consejo de Seguridad Nacional, afirmó este 2 de noviembre: "Legalizar la droga no pone fin a la violencia asociada con el crimen organizado. Legalizar la marihuana, particularmente cuando esto se hace a nivel local o de manera unilateral o aislada en el contexto internacional, no disminuirá la criminalidad ni la violencia en México... Ampliar su consumo en mercados relevantes como Estados Unidos, sin medidas que impacten significativamente el mercado y la cadena productiva de las drogas, genera mayores estímulos económicos para los criminales".
Poiré no cita ninguna fuente o estudio para sustentar su argumento de que la legalización genera mayores estímulos económicos o violencia. La declaración parece un simple esfuerzo por descalificar los esfuerzos sociales por descriminalizar el uso recreativo de la marihuana.
No hay, sin embargo, indicaciones de que las drogas legales generen incentivos económicos para los criminales o promuevan la violencia. En los Países Bajos el consumo de la marihuana no se persigue legalmente, pero los índices de violencia son muy bajos. No ha habido tampoco alzas en la violencia en los 14 estados de la Unión Americana en los que se ha legalizado el uso médico de la marihuana. De hecho, si bien en California se trató fallidamente, con el referéndum del 2 de noviembre, de legalizar la marihuana para uso recreativo, hace ya tiempo que su venta es legal para propósitos médicos, lo cual ha permitido que se pueda adquirir con sólo una receta médica sin que su comercio haya generado actos de violencia.
La única experiencia histórica que tenemos de las consecuencias sobre la violencia de la legalización de un producto prohibido tuvo lugar en 1933 con el fin de la prohibición de bebidas alcohólicas en Estados Unidos. Pero en lugar del incremento que pronosticaría Poiré, hubo una caída muy importante de la violencia.
Más inteligente es la posición que el presidente Felipe Calderón dio a conocer este 2 de noviembre en un mensaje de twitter: "Cualquier revisión al marco regulatorio de la producción, transporte y consumo de drogas debe hacerse integral y globalmente". No es lógico que un estado de la Unión Americana modifique por sí solo la prohibición de las drogas o de una en particular, como la marihuana. Si los esfuerzos por lograrlo se están haciendo a nivel local y por miembros de la sociedad, es porque ningún dirigente internacional ha mostrado el liderazgo que tuvo Franklin D. Roosevelt en 1933 al impulsar la legalización de las bebidas alcohólicas.
La descriminalización de las drogas es indispensable por razones pragmáticas, ya que la experiencia nos sugiere que una vez terminado el mercado negro que genera la prohibición la violencia desaparece gradualmente. También hay razones éticas, sin embargo. Ningún gobierno tiene el derecho a castigar a una persona por utilizar una sustancia que no le hace daño a nadie más que a ella.
Con el paso del tiempo el mundo optará, no tengo duda, por legalizar las drogas o cuando menos las menos dañinas, como la marihuana. Cuando esto ocurra recordaremos las declaraciones de Poiré con la misma incredulidad con la que hoy vemos las afirmaciones de los activistas de la temperancia que al defender la prohibición de 1919 a 1933 generaron un periodo de extraordinaria violencia en Estados Unidos.
NOBLE DERROTA
Evan Bayh, senador demócrata, lo tiene muy claro. En el New York Times explica la derrota del presidente Barack Obama: "Nos sobreextendimos al enfocarnos en el sistema de salud en lugar de la creación de empleos. Era una aspiración noble, pero un billón de dólares de nuevo gasto y una enorme expansión de un programa social se deben intentar cuando el Tesoro se encuentra lleno y no en una situación como la actual".
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